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jueves, 19 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 17) Fin


Quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes.
Amores Perros


No cabe duda de que el tiempo vuela cuando uno se divierte, por lo que esos cuatro días se me fueron como agua entre las manos. Todo siguió más o menos su curso: Devil Ivy nunca se integró, siempre se le cocinó aparte y si no estaba leyendo se la pasaba jugando con los niños que se le llegaban a acercar. A señas y con monosílabos ellos se daban a entender y ella parecía disfrutar de la compañía (o no le quedaba otra, no sé). El güerito, Mi sis, Chispita, el menor de mis hermanos y yo hicimos un buen grupo y andábamos juntos como muégano para todos lados.

Las tardes eran para echar la chela con mi papá que no se cansaba de preguntarle cuánta cosa se le ocurría a "El Güero", y todo el pueblo se enteró de que era hijo único, que no le gustaba el fútbol aunque era deporte nacional también en su país (ahí creo que mi papá le bajó puntos), que trabajaba como escenógrafo y que su papá había muerto ya hacía unos años. Ni yo sabía tanto! En las noches nos sentábamos en la terraza a fumar y tomar café y básicamente a echar desmadre.

Se llegó la hora de regresar a Chilangolandia y lo hicimos separados por las cuestiones logísticas que ya he mencionado. Como yo no pude hacer migas con Devil Ivy estaba ya imaginando que todo el camino me la iba a pasar dormida, sin platicar y apenas sin moverme de mi asiento. Era como viajar sola porque ella apenas si pronunciaba palabra. El güerito como si adivinara mi pensamiento me pidió los boletos de autobús y me dijo que la mandara por delante aunque en teoría a ella y a mí nos tocaba en asientos contiguos. "De por sí va a ser aburrido" me dijo. Yo contesté que tal vez con él sí hablaría y él me dijo que no. Que también en Acapulco ella se había portado así y que estaba arrepentídisimo de haberla aceptado como acompañante. Ahí me explicó que ella se había pegado, que él nunca la invitó pero que al ver su insistencia él dijo porqué no? Le creí aunque se me hizo muy raro. En realidad, sigo pensando que ella tenía oscuras intenciones pero no contaba con mi astucia y se le sebó el plan.

Nos sentamos juntos y después de casi dos horas transcurridas, todavía no podíamos salir de Poza Rica. Estaba más lleno que de costumbre. El trayecto que usualmente dura 4 horas y media, ese día duró 9. Nos la pasamos platicando un ratote, de todo y de nada como siempre. Me dijo que me agradecía mucho que yo lo hubiera invitado, que todo había estado maravilloso, que mi familia, la comida, los lugares y sobretodo mi compañía. Yo pensé que estaba siendo demasiado cortés pero sonreí y le dije que me daba gusto que se la hubiera pasado bien. Si. Yo también estaba siendo amable, pero había algo raro en su mirada.

Por un momento me acordé que Chispita en una de esas que estábamos solas me dijo: Como que sólo tiene ojos para ti, no? -Ay, no! para nada, si con todo mundo platica. -Bueno, sí, pero ya me lo he cachado varias veces viéndote; qué no te gusta? -Mmm... No sé. -Ay, pues no sé que quieres, eh! Si hasta lavadero tiene! A poco no lo has visto? (bliiing!!!). OMFG!!! Claro que lo había visto pero no había reparado en eso. Nunca fue algo en lo que me fijara. Ni me atraían los estómagos de tabla, ni me molestaban las pancitas cheleras. Todo hombre que se digne de serlo debe tener alguito de panza. Ya sea de chela, o de taquitos, o de pan dulce. No digo que sean alcóholicos o que apesten a fritanga todo el tiempo, pero, el que gusten de comer y beber refleja que disfrutan de la vida (como yo) y que no son metrosexuales que se la pasan frente al espejo. Yo no quería un hombre que fuera más vanidoso que yo, me explico? Además como yo nunca he sido barbie deportista pues no exigía (es más hasta huía si me encontraba) un fan del gimnasio.

El caso es que después de agotar todos los temas posibles y de que el camión avanzaba a 10km/hr yo sentí como me iba arrullando. Él tenía los ojos cerrados y su cabeza estaba recargada totalmente en el respaldo de su asiento. Tenía en su regazo su eterna mochilita con su cámara y demás triques. Yo trataba de encontrar la mejor postura para dormirme pero no la encontraba, así que me recargué en su hombro rogándole a Dios no babearle la chamarra. Ja! Sentí cómo se movió pero yo no quería abrir los ojos. Pensé que me iba a pedir que mejor babeara la ventana o qué sé yo. Pero no. Me llamó por mi nombre, abrí los ojos y su mano se coló por mi cuello. Maripositas en mi estómago. Wow. Me besó y me pidió que fuera su novia. Cuarenta y ocho mil pensamientos, emociones, imágenes, suspiros, recuerdos, visiones, sueños y vidas aparecieron ante mí en una fracción de segundo. El amor me agarró desprevenida justo cuando yo pensé que más segura estaba.

Y vivieron felices y comieron perdices.


martes, 17 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 16)

La primera de nuestras mañanas ya en tierras jarochas me levanté tarde. Aunque claro, eso no es raro ya que yo amo levantarme tarde. Cuando era adolescente y pasaba mis vacaciones allá, mi papá y mis tíos y todo el mundo se asombraba de mi capacidad de quedarme en la cama hasta las diez de la mañana. Ellos, estando acostumbrados a levantarse a las 5 o 6 am, no entendían cómo yo no podía hacer lo mismo. Para cuando por fin el hambre me despertaba, ellos ya habían desayunado y almorzado y yo tenía que comer las tortillas recalentadas.

Ahora, que ya no soy una adolescente, me sigo levantando tarde pero ya no les causa sorpresa; al contrario, procuran no hacer ruido para dejarme descansar, y hasta me esperan para almorzar. La vida cambia, la gente cambia, los tiempos cambian. En fin, que a lo que iba era que cuando la pipí mañanera me obligó a dejar mi camita me encontré al güerito saliendo de la regadera. Sólo traía encima unos boxers de esos pegaditos y una toalla en la mano, sandalias y esa hermosa sonrisa que ahora ilumina mis mañanas, mis tardes y mis noches. Yo, en cambio, traía un short y una playera, chanclitas, mi cabello hecho un desmadre, mis ojos lagañosos y el aliento a centavo egipcio a todo lo que daba. Me dio una pena!! Me reí de nervios al darle los buenos días y me metí al baño en chinga.

Medio me lavé la cara, me lavé los dientes, me alisé el cabello y bajé a la cocina. La esposa de mi papá estaba ahí ya preparando el almuerzo y yo me puse a hacer el café, bajo su supervisión, obvio. Escuché unos pasitos y luego un sonido hueco. Las escaleras de la cocina son angostitas y él no midió bien la distancia y se puso un megamadrazo en la cabeza. Ouch! No pasó de un raspón y un pequeño chichón y esperamos afuera a que el almuerzo estuviera listo. Fui a despertar a las reinas que seguían como lirones con la promesa de un rico desayuno.

Nuestro almuerzo consistió en Chuletas de cerdo fritas con chile seco, jaibas en salsa de chile de color, frijoles refritos y tortillas recién hechas. El güerito comió de todo sin chistar a pesar de que el picante lo hizo sudar. Devil Ivy dijo que no comía picante y se le frieron chuletitas aparte, sin chile. Los frijoles le gustaron aunque no repitió, y lo único que no dejo de comer fueron las tortillas así solitas, sin sal siquiera. En fin. Nos alistamos lo más rápido que pudimos y nos fuimos a El Tajín.

Era ya pasado el mediodía y el sol estaba en todo su esplendor. Les advertí que usaran bloqueador pero él hizo caso omiso. Ni gorra llevaba. Yo tenía miedo de que se rostizara su cabecita rapada pero al parecer esa era la menor de sus preocupaciones. Pagamos la entrada y todos en bola entramos a las ruinas. Primero visitamos el pequeño museo pero el calor era tanto que optamos por salir. Al menos el aire afuera se sentía más fresco. Todos estábamos ya con la idea de recorrer entero el sitio arqueológico cuando... Devil Ivy se sentó en una banca debajo de un árbol a no más de veinte metros de la entrada y dijo que ahí esperaría. Le expliqué que había muchas cosas que desde ahí no podría apreciar pero dijo que no importaba. Se compró una bolsa de naranjas peladas y se quedó ahí. Él le dijo un par de cosas en un idioma que yo no entendí y ella contestó de mala gana.

Con pena y desconcierto todos nos volteamos a ver pero él dijo que estaba bien y que si ella quería quedarse pues ni modo. Él no había viajado tan lejos para quedarse a contemplar el paisaje desde una banca.

lunes, 16 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 15)

Debido a fallas técnicas en la Logística del viaje, ese día, El güerito y Devil Yvy dejaban la Ciudad de los Imecas a las 11 am, y yo a las 15:00. Eso provocaría que tuvieran que esperarme en la Terminal de Autobuses de Poza Rica por casi cuatro horas. No era nada divertido pero era lo único que podían hacer. Por un momento pensé en explicarles cómo llegar al Pueblito Papanteco haciéndoles un croquis y describiéndoles con pelos y señales qué guajolojet tomar y dónde bajarse, etc.

Idea que deseché tan pronto la concebí porque en México nadie sabe hablar inglés! Salvo los que viven en frontera con gringolandia, o los que trabajan para empresas multinacionales, o los que han vivido en algún país anglófono, nadieN habla inglés. Eso sí, todos tenemos un 50% o un 80% en el Currículum pero a la hora de hablarlo se nos frunce. Todos cantamos canciones en inglés pero nunca nos ponemos a pensar si realmente entendemos lo que Madonna o Bricni cantan, vemos pelis o series y preferimos los súbtitulos en español a aventárnosla sólo con el audio. Nos da hueva esforzarnos, por lo que cuando necesitamos hablarlo nos la pasamos con "well, mmm, yes... sure, mmm...". Sabemos que es super necesario pero enfrentémoslo: cuándo realmente lo utilizamos? Cuándo realmente le vemos una utilidad? Cuándo, una persona común y corriente, en una ciudad petrolera rodeada por pueblitos agrícolas (y pobres) va a necesitar el chingado inglés? Nunca!!!

Así que después de imaginármelos pariendo chayotes tratando de darse a entender con el poco español que él hablaba en ese entonces, tratando de encontrar el autobús adecuado y tratando de explicarle al chofer en dónde tenía que bajarlos... Mejor que me esperen en la central. Cuando llegué estaban a dos de morir de aburrimiento. Ella tenía cara de chingatumadre y él me dijo que ya le dolía el trasero de estar sentado en la banqueta nomás esperando. Pobrecitos. Me los llevé a la central de segunda clase donde teníamos que abordar el otro camión para llegar por fin a casa de mi papá. La carretera estaba en buen estado porque recién había sido La Cumbre Tajín y se ponen de manteles largos para recibir a toda la turisteada que llega a celebrar la entrada de la primavera en esos lares. Pasando El Tajín, la carroza se convirtió de nuevo en calabaza y la carretera mostro su aspecto real: baches, piedras, baches, piedras. Falta mucho?

Cuarenta y cinco minutos después y habiendo cruzado con éxito el Puente de la Muerte* llegamos y mi papá nos recibió un poco apurado porque aún tenía que ir a recoger a Mi sis (quién debido a otras fallas técnicas en la logística, léase no comprar a tiempo sus boletos de camión) y a Chispita quienes llegaban a deshoras cuando la última corrida de guajolojet ya había partido. Por lo tanto fue su esposa quién junto con uno de mis hermanos nos dijeron que "la pareja" podía ocupar una de las recámaras. Ups! Pensaron que por ser niño y niña eran pareja. Él se apresuró para corregirla y para decir que sólo eran amigos por lo que ella podía quedarse en la recámara, solita y él podría quedarse en cualquier otro lado.

Obvio, quienes conozcan la hospitalidad mexicana sabrán que de ninguna manera un invitado puede quedarse en el suelo o en el sofá por lo que él se quedaba en la recámara de uno de mis hermanos (y mi hermano en un catre, o en el suelo, o que se lo cogiera un chino no importaba) y todas las demás niñas en otro cuarto lleno de camas y colchones expresamente puestos para nosotras. Yo no estaba contenta teniendo que compartir cama con Devil Yvy y se notó a kilómetros que ella tampoco pero no había más.

Cenamos porque moríamos de hambre y no había para cuando mi papá regresara con las últimas dos huéspedes. Devyl Yvy se fue a dormir tan pronto pudo alegando harto cansancio y el güerito y yo nos fuimos a sentar al balcón aprovechando la brisa de medianoche. Él se sentó en una hamaca y yo en la otra. Mientras nos fumábamos un cigarro y tomábamos un exquisito café de olla recién hecho, yo le platiqué la historia de mis papás, su boda, su vida juntos, su separación y su vida actual. Él sólo escuchaba y me miraba con esa mirada tan linda, con esos ojos que parecen sonreír y esa sonrisa que parece acariciar.

Por fin pude ver sus pies con detenimiento y me parecieron los pies masculinos más hermosos que había visto. Delgados, uñas cortas, bronceados pero con la marca de las sandalias visible, sin callos ni hongos ni imperfección alguna. Sus uñas eran blancas y lisas y se notaban pies fuertes, con el músculo marcado a lado del empeine. Vestía una playera sin mangas tipo ropa interior. Azul. Sus hombros tenían pequitas, y sus brazos estaban bastante bien. Se veía delgado pero en realidad estaba bien formado. No era un flaco escuálido como yo. Su pecho se notaba marcado también y podía notar sus vellos. Me lo estaba sabroseando. Quién lo viera, pensé.

Nos fuimos a acostar (cada quién a su respectiva habitación) y horas después, entre sueños escuché que Mi sis y Chispita se acomodaban en su cama tratando de no hacer ruido. Chispita preguntó "y ésta quién es?", Mis sis contestó "la amiga de su amigo". Ajá.


Nota al pie: El Puente de la Muerte, fue bautizado así por My Second Family o mis amigos de mi último trabajo cuando tuvieron que ir a la Boda Papanteca. En realidad, es un puente construido por Pemex cuando Poza Rica y sus alrededores estaban en pleno auge a partir de los años 30 y hasta principios de los ochentas. Desde hace casi dos décadas que -yocreoqueselesacabó el petróleo porque- han dejado sin agua potable a las poblaciones como el pueblito papanteco, han dejado el mantenimiento de los caminos y carreteras a la industria privada, y el Puente del Remolino ha dejado de recibir mantenimiento (todo lo que antes hacía Pemex) por lo que ahora los carros tienen que pasar de uno en uno, y hay una advertencia para los camiones de carga que no pueden exceder las 15 toneladas. El puente está a dos de caerse y ya casi está terminado su reemplazo, pero mientras eso sucede hay que tener cuidado de no caer entre los agujeros de las láminas faltantes de su piso. Cabe mencionar que no ha habido accidentes qué lamentar.

viernes, 13 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 14)

Las cenitas se repitieron todas las noches de esa semana. El equipaje llegó hasta el viernes por lo que viajarían el sábado. El destino se cambió debido a esta razón y se fueron a Acapulco. Playa cercana al DF y de fácil acceso. Regresarían el martes para irnos el miércoles al Pueblito Papanteco tan pronto yo saliera de la oficina.

No recuerdo qué hice esos días, aunque supongo que me la pasé en casa dejándome apapachar por mi madre chula, y claro, envidiando a este par que iba a disfrutar del sol y la playa de Acapulque, mi destino desmadroso favorito.

La primera vez que fui solita a este maravilloso puerto fue en mi viaje de graduación de la Universidad. Menciono solita porque mi familia no estaba incluída en la salidita. Fue genial! Y ya sé que hay quienes opinan que salir con todo el grupo de la escuela es de hueva y blablabla pero yo siempre he dicho que no importa tanto el lugar sino la actitud con la que vayas y la compañía, claro está, y para estos efectos Miss E y La Berrinchitos fueron la mejor que pude haber tenido en ese viaje que fue decisivo en muchos aspectos. El principal fue que Miss E se encontró a su amor italiano y que eso rigió nuestras vidas los siguientes tres años. Todo lo que hacíamos estaba encaminado a hacer el viaje a Europa para visitarlo y para conocer el lado opuesto al nuestro del charco. Así fue que conocí y me enamoré de Brujas y me decepcioné de París, me conmoví con el David y supe lo que era la nieve por primera vez en Lucerna. Todo por Miss E. Siempre pensé que ella acabaría viviendo en Milán y que yo tendría que sacrificarme y visitarla una vez por año. Me la imaginaba hablando italiano y cocinando pasta para su marido y sus chamacos... Quién iba a decir...

Llegó el tan esperado miércoles y como yo soy muy previsora, sobretodo en Semana Santa que es cuando todos los chilangos dejan la Ciudad como ratas el barco naufragado; hice mi maletita una noche anterior y me la llevé al trabajo esa mañana. Llegué muy mona yo en tenis a la oficina. Obvio, me los cambié de inmediato por unas bonitas sandalias negras de tacón alto para hacer juego con todo lo demás que llevaba encima. Ya me urgía que dieran las dos, ya me urgía verlo de nuevo. Qué habrán hecho solitos allá con traguitos, playita y barecitos?

"Buenos días, le atiende La D, en qué le puedo ayudar?" Mi día empezaba.

jueves, 12 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 13)

Llegué yo muy feliz ese lunes a trabajar. Todas mis compañeritas sabían la historia y en cuanto el conmutador, los clientes y las jefas se los permitían, me llenaban de preguntas y yo nomás me hacía bolas. "Pero te gustó?" me preguntó una. El problema era que yo no sabía si me gustaba. Me sentía a gusto, me divertía, me encantaba platicar con él pero hasta ahí.

Yo nunca he sido de amor a primera vista. Eso para mí es inexistente, absurdo nomás de imaginarlo. Yo no concibo el amor sólo con los ojos, a mí me enamoran primero el oído, luego el cerebro, luego el cuerpo y al final el alma. Si no me gusta como me habla, o si de cada tres frases dos son pendejadas ahí quedó el gusto. Luego, si su cuerpo no me invita, no se me antoja (en alguito aunque sea) y no me seduce, se pudrió todo. Y al final, si lo anterior sale bien y lo mantiene -ah! porque lo difícil no es llegar sino mantenerse- pueque... pueque tenga chance de colarse en el Top Five.

Pero para enamorame necesitaba yo tiempo. Tiempo! Lo que yo no tenía de sobra, lo que más me hacía falta. Y según yo, no íbamos a tener más que unos cuantos días para compartir. Además, yo no percibía nada de allá para acá. Sí, era lindo, atento, simpático... tengo muchos amigos lindos, atentos y simpáticos, me explico?

Total que en eso estaba cuando me dijeron que tenía una llamada, y era él. Los señores de la aerolínea en Washington decían que su equipaje tampoco llegaría ese día pero que seguro sí mañana. Ajá. El pobre llevaba ya tres días con la misma ropa por lo que iría a comprarse un par de cositas básicas. Me preguntó que si podíamos ir a cenar algo cuando yo saliera de la oficina y le dije que sí.

Salí tan pronto mis clientes, mis deberes y mis jefas me lo permitieron (en ese orden) y tomé el transporte más rápido que podía encontrar cerca: el bendito metro. Los que se utilizan la línea 3 a las 6 de la tarde saben lo que se vive ahí. Un caos de gente, calor, sudor, paradas de hasta 10 minutos por estación, más calor, más gente, empujones, etc. Una hora después llegué a mi destino y ahí estaba él, esperándome en la puerta de su "casa" fumándose un cigarro. "Dónde está Devil Yvy?" pregunté, y él me contestó que ella estaba muy cansada y que prefería quedarse.

Lo más cercano era un Sangrons. La zona donde estábamos no se caracteriza por ser turística. No hay barecitos lindos como en la Condechi, ni grandes centros comerciales, ni nada interesante. Sólo cines, pero en el cine no se puede hablar y no iba a desperdiciar ese par de horas entre una multitud y sin cruzar palabra. Así que elegimos una mesita, yo moría de hambre y él no. Pedí un caldo tlalpeño y él unos tacos dorados con guacamole. Lo primero que exclamó cuando la mesera le trajo su platillo fue "es esto sólo para una persona? cómo pueden comer tanto!". Este muchachito tenía mucho por aprender.

miércoles, 11 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 12)

Fue una fracción de segundo lo que titubeé. No sabía qué decir ni cómo empezar, ni si saludarlo de beso o no. Pero en ese mínimo instante al mismo tiempo me cruzaron mil pensamientos por la cabeza. Bendita habilidad que tenemos las mujeres de escanear con apenas el rabillo del ojo. Estaba demasiado cerca mío como para examinarlo de manera descarada y sin embargo me dí cuenta de varios detalles: vestía jeans, una playera amarilla y chamarra de mezclilla. Recordé haber escuchado apenas sus pasos por lo que deduje que no calzaba tenis, y traía un morral atravesado que colgaba en su costado. Nunca quise imaginarlo porque no quería fallar en el pronóstico aunque, conociendo su lugar de origen lo supuse rubio, alto y de ojos claros.

Él sonrió ampliamente mientras me besaba las dos mejillas y me decía "Nice to meet you!". Yo sólo pensé: "chin, no tiene ojos azules". La verdad es que si me hubieran dado un modelo para armar, jamás le habría atinado a nada. Era super delgado, no mucho más alto que yo y aunque su piel era paliducha no podía saber si su cabello alcanzaba la categoría de pelos de elote o no. Su cabeza estaba totalmente rapada, y tenía una pequeña arracada en una de sus orejas. Conclusión: "está chistosito, pero por suerte no es gordo, ni viejo, ni feo".

Así me presentó a Devil Yvy, quien tenía dos enormes ojos verdes adornándole la cara de pocos amigos, era bajita de piel blanca y cabello castaño claro. Supuse que era el cansancio del viaje. Llevaban horas esperándome en el Freedom (ajá) y estaban ya queriendo irse al lugar donde se iban a hospedar cuando me vieron pasar. Él quería tomarse otra cerveza para festejar que al fin nos habíamos encontrado, pero al ver la mueca que hizo ella yo preferí despedirme quedando de pasar por ellos a la mañana siguiente.

La mala noticia fue que el equipaje de él no llegó por lo que tendrían que esperar a que lo enviaran a la casa donde se hospedarían. Casualmente, quedaba muy, pero muy cerca de mi casa así que no me costó trabajo llegar a recogerlos. Ese domingo recorrimos El Zócalo (con manifestación de peje incluida), La Latino y sus alrededores, y Coyoacán (incluyendo La Casa Azul de Frida Kahlo). Ella conversaba poco en inglés pero podía notar que lo que hablaba en otro idioma era más parecido a una queja que a una frase de admiración. Él se limitaba a escucharla.

Su equipaje tampoco llegó ese día por lo que tendrían que esperar uno más antes de irse a Oaxaca. Él sabía muy bien a qué lugares quería ir y así me lo dijo. La siguiente semana era Semana Santa y yo lo había invitado a pasarla en casa de mi papá, antes de que él me dijera que viajaría acompañado, aunque el plan no cambió por el hecho de que ella viniera también. El pueblito papanteco está muy cerca de las ruinas arqueológicas de El Tajín, y él había aceptado de buena gana aunque con sorpresa. Yo siempre he estado muy orgullosa de la tierra de mis padres, y aunque no hay antros VIP ni hoteles boutique, es una zona hermosa para pasar unos días tranquilos, descansar mucho y comer rico, y por eso lo invité. Además, llegar a casa de mi papá me daba seguridad extra y mataba dos pájaros de un tiro: visitaba a mi familia y pasaba más tiempo conociendo al güerito.

Desde el principio hablamos mucho y reíamos como si nos conociéramos de toda la vida. Como si siempre hubiéramos sido amigos. Me inspiraba mucha confianza y lo mejor de todo es que no era nada payaso. No le hacía el feo a nada. Ni al micro, ni al metro, ni a los tianguis atascados del centro, ni a los esquites con mayonesa y queso rallado, ni a las papas con valentina, ni a los raspados de tamarindo. Ella todo lo contrario, no comía nada que no estuviera empaquetado o que no fuera de restaurante, y todo el tiempo se quejaba de la contaminación, de ver tanta gente y de la comida tan picante. Yo todo esto lo comprendía perfecto, no me extrañaba para nada y por lo mismo traté de ponerle más atención para que se sintiera a gusto. Yo tan linda.

Los fui a dejar para que descansaran ya que debido al jetlag casi no habían podido dormir y él quedó de llamarme al trabajo en caso de que sus maletas llegaran a buena hora para que pudieran partir. Nos despedimos y yo me fui a mi casita. Cansada pero contenta.

martes, 10 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 11) La primera vista.

Yo como siempre, tan solícita y buena onda, quedé de ir a recogerlos al aeropuerto. Finalmente, el susodicho en cuestión había decidido pasar sus vacaciones en Mexicalpan de las Tunas. Llegaría un sábado por la tarde-noche al aeropuerto Benito Juárez de tan gloriosa ciudad acompañado de su amiga a la que llamaremos "Devil Yvy" por razones no tan obvias que ya les contaré.

El que llegara acompañado me otorgaba un par de ventajas: no se aburriría mientras yo estuviera en el trabajo, y la más importante que yo veía en ese momento, no me sentía comprometida a que me cayera mejor de lo que ya me caía. La verdad es que yo pensaba que su amiga era más bien una pretendienta o un querer que intentaba ocultar. Por mí mejor, pensé.

Yo seguía sin conocer su apariencia física y aunque él podía ver mi foto en el perfil de la página, yo para ese entonces ya había hecho estragos con mi cabello y había perdido al menos un par de kilos más. Estaba flaquísima. Más flaca que nunca, o más que siempre. Como la fecha se acercaba él pidió que le enviara otra foto de preferencia reciente; así que le envié La Foto pensando que sería una buena broma porque obvio, no le serviría para reconocerme cuando nos encontráramos en el aeropuerto. Contrario a mis expectativas me dijo que le había encantado y que hasta la había puesto como protector de pantalla en su compu.

Llegué un poco tarde porque para variar, o entre tanto nervio, me confundí con la hora de llegada, además de que olvidé anotar el número de vuelo y el nombre de la aerolínea. Como siempre, el exceso de confianza en mi alguna vez buena memoria me dio en la madre. Sólo recordaba que llegaban vía Washington. Eso, aunado a mi poca experiencia en vuelos internacionales me hicieron esperar en la Sala de Llegadas equivocada.

Era casi media noche de ese sábado donde al fin mis incógnitas se despejarían. Yo llevaba más de tres horas buscándolos, con La Foto impresa pegada en un folder tamaño carta con un palito de madera haciéndola de asta. Estaba harta de caminar con el cartelito en alto, me dolían los pies y los brazos. Para acabarla de chingar mi celular había cambiado de domicilio fiscal (un saludo a los señores asaltantes de circuito interior y eje central) y no tenía lana para comprarme un equipo nuevo, por lo que no podía saber si al menos él había intentado comunicarse a mi jaula.

Hacía ya un buen rato que estaba enojada conmigo misma por no haber llegado a tiempo. Va a pensar que no quise conocerlo, pensé. Qué tal que ya nunca me escribe? Y si sí llegó pero huyó al verme? Qué tal que se dio cuenta de que no soy el clon de Salma Hayek? Empecé a llorar de impotencia, por no encontrarlo y por no haberle enviado una mejor foto. Me estaba dando frío y me había cansado ya de recorrer el aeropuerto sin éxito.

Decidí irme a mi casa. Ya había pasado mucho tiempo y yo dudaba que anduviera perdido por ahí. Su vuelo no aparecía como retrasado por lo que de seguro llegó sin contratiempos por lo que yo no había alcanzado a verlo en la pantalla de llegadas. Igual y mañana me llama, pensé. El cartelito ya ni siquiera lo sostenía en alto sino que más bien lo bajé lo más que pude porque me sentía ridícula cargándolo. Estaba a dos de tirarlo a la basura. Me estaba pasando una mano por los ojos para eliminar el exceso de humedad cuando escuché una voz detrás mío que dijo "Oh, my God!". Volteé y sorpresa! nos vimos las caritas en vivo y a todo color por vez primera.

viernes, 6 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 10)

Había olvidado por completo, con tantos cambios y con tantas cosas nuevas en mi vida, que tenía un boleto redondo para un fin de semana en Vallarta. Lo compré hacía meses pensando en caerle de sorpresa a mi hermana y aprovechando la excelente tarifa que me había ofrecido Aeroméxico en ese entonces.

Nunca había salido de viaje sola (en Vancouver no me la había pasado muy solita que digamos) y me daba cosa hacerlo ahora. No era miedo, pero era un sentimiento un poco contradictorio. Por un lado, era excitante porque no tenía que estar a expensas del criterio de alguien más para ir a tal o cual lado, pero por otro, me sentía un poco patética pensando que iba a comer sola, que pasearía por la playa sola, que me sentaría en el avión sola, que dormiría sola en una habitación de hotel, etc. Intenté entre mis amigos encontrar a alguien que quisiera ir conmigo pero nadie pudo, así que pues ni modo de dejar perder el boletito. Mi mamá tan sabia como siempre me dijo que me fuera, que necesitaba estar a solas conmigo misma y que disfrutara del sol y el mar.

Me lancé un viernes en el último vuelo del día. Llegué a Vallarta casi a media noche y tomé un taxi que me llevó a mi modesto hotel. Estaba en la zona vieja del pueblo. Era muy sencillito y las camas no eran las más cómodas y el personal era lo mínimo servicial y atento que yo podía esperar en ese caso pero al menos, podía dormir tranquila esa noche.

Mi fin de semana ahí transcurrió tranquilo. Me la pasaba recorriendo el malecón, mojándome los pies en el mar y tomándole fotos a todo lo que se me cruzaba. Intentaba recordar lo que Mi sis me decía de aquél bar o aquél restaurante en un primer piso con vista al mar. La brisa hacía un desmadre con mi cabellera (corta) mientras mi mente trataba de poner orden a los acontecimientos pasados y a los recientes. Ahí tomé la decisión de no volver a llorar nunca más, de mirar sólo para adelante y de darme la oportunidad de ser feliz conmigo y con mis experiencias, que al fin y al cabo, era todo lo aprendido -a base demadrazos- lo que me hacía ser la mujer que era.

Mi amiga Chule me había recomendado ir a Punta Mita y me dio las indicaciones de qué camión tomar en dónde y todo. No está tan cerca de Vallarta como yo esperaba pero el viaje en el guajolojet valió la pena. Comí en un restaurancito donde el mesero no dejó de coquetearme en toda la tarde, y me asoleé a gusto mirando el mar y a un niño que jugaba a recoger conchitas o piedritas, o las dos, justo enfrente de donde yo estaba. Así que para no perder la costumbre de fotografiarme los pies, fue que tomé La Foto, sin saber el significado que adquiriría después.



Mis pies en Punta de Mita, México.

jueves, 5 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 9) La llamada

Dudé por un segundo si había sido buena idea darle mi número pero ya lo había hecho, así que ya no había marcha atrás. Mi curiosidad era más grande que cualquier reserva que pudiera tener. Ahora lo que me preocupaba era si yo sería capaz de entenderle por teléfono. Y es que aunque estudié inglés toda mi vida, cuando tienes poca oportunidad de hablarlo, el nervio hace que se te trabe la lengua. Aunque el viajecito a Vancouver había sido corto, me ayudó enormemente para perder el miedo escénico y para que mi oído (y mi cerebro) se acostumbrara al idioma ajeno.

Era sábado a mediodía cuando el teléfono sonó. Yo ya sabía quién estaba del otro lado de la línea. La primera impresión fue que tenía una voz cálida, que estaba tan nervioso como yo y que por momentos ninguno de los dos sabía qué decir. Peor que adolescentes. Recuerdo las maripositas en la panza y el rubor en mis mejillas. Me había sonrojado de escucharlo! Sí, ya sé que suena muy cursi pero estaba muy emocionada. Repito, nunca imaginé hasta qué grado mi vida cambiaría, y el asunto apenas estaba empezando.

Hablamos casi una hora y no me pregunten acerca de qué porque no lo recuerdo. Sólo sé que las llamadas se hicieron frecuentes, y que lo que siguió fue que ya estaba confirmadísimo que iría a México en sus vacaciones. Los datos del vuelo y demás me los enviaría por mail. Él esperaba conocerme en persona y que al menos, nos viéramos un par de veces, si es que mi trabajo me lo permitía.

Y claro, yo le había dicho que no podía pedir días libres porque apenas estaba empezando, y esto lo hice con doble intención. Una, si no me gustaba o se portaba pesado cuando lo conociera, tendría una excusa para no volverlo a ver, y la segunda era, que llegado el momento no reclamara mi falta de atención si es que no podía verlo tan seguido como él (o yo) o ambos quisiéramos.

Aunque sólo estábamos en plan de amigos yo sabía que si no me gustaba físicamente o si le encontraba algún punto desagradable, esto no proseguiría. Yo estaba un poco harta de buscar y no encontrar, de dar y no recibir y de aguantar peleles que pensando que por no tener galán yo andaba urgida, necesitada y/o desesperada por levantarme cualquier garra. No era el caso.

De hecho, para esos momentos yo estaba ya más optimista. El mundo había dejado de ser gris y empezaba a volver a disfrutar los fines de semana en casa, de los maratones de La Ley y El Orden, Dr. House y CSI. Mi sis había vuelto a la ciudad, con un bronceado esplendoroso y muy contenta de haberse tomado unas merecidas vacaciones: porque ese trabajo no era trabajo, era pura fiesta, cervecitas y tardes en el malecón de Vallarta (pobrecita!). En fin, que yo ya tenía con quién echarme en el sofá a desentrañar los misterios de los programas detectivescos.

Volviendo a la llamada, después de colgar fue cuando me dí cuenta de que hablaba mejor inglés de lo que yo pensaba; y de que él a pesar de ser europeo, no tenía el acento británico que yo me imaginaba. Todo había salido bien, pero ahora me estaba cosquilleando la idea de verlo por primera vez en el Aeropuerto.

miércoles, 4 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 8)

Encontré el hecho de leer (así como de escribir) correspondencia diaria como una de mis actividades lúdicas; y en ese momento no tenía muchas. Hablábamos de todo y de nada, del clima en donde él vivía, de su comida favorita y sus hobbies... y los míos, claro. Tocamos poco el tema de las relaciones amorosas pasadas, para qué escarbar en algo que ya fue. Además yo no soy del tipo preguntona, prefiero que las cosas salgan en la plática poco a poco.

Así supe que se había divorciado hacía ya varios años, y que su última relación había terminado hace dos, aunque su ex-novia y él trabajaban juntos. Yo me limité a comentar que El Innombrable decidió terminar conmigo por falta de amor y que aunque había dolido como patada de mula, admiraba su honestidad al hablarlo en vez de hacerme la vida de cuadritos o pintarme el cuerno (aunque de esto último nunca estaré segura). Después todo se enfocó sólo a lo cotidiano.

Al cabo de casi tres meses él mencionó que tal vez visitaría México en sus siguientes vacaciones. Yo, para nada me dí por aludida y le recomendé lugares turísticos que no se podía perder como Cancún y la ruta maya, Oaxaca, y Chiapas. Personalmente, no conozco aún el sureste mexicano pero creo yo que es algo que los turistas encuentran muy atractivo. Él, en cambio, contestó que estaba más interesado en las ciudades coloniales que en las playas, cosa que me tomó por sorpresa pero no me extrañó del todo, sabía que Morelia goza de cierta fama entre los europeos. Total, que yo para nada me ofrecí como guía de turistas, aparte de que soy malísima estaba estrenando trabajo y obvio, no podía tomarme días libres.

Como todo quedó en un tal vez, seguimos escribiéndonos. Era algo muy curioso porque yo no tenía una imagen de él en mi cabeza. Sólo recuerdo que cada mañana prendía mi compu con entusiasmo y que leer esas cuantas líneas alegraban mi espíritu. Me hacía el día, pues. Y si de repente no tenía nada en mi bandeja de entrada, era como si algo me hiciera falta. Era adictivo, y yo creo que a él le pasaba igual porque también reclamaba su dosis diaria de palabras, y como toda droga llegó un momento en que los correos ya no eran suficientes. Ahora quería conocer mi voz y me pidió mi número. Ay!!!!

martes, 3 de febrero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 7)

En ese momento no me imaginaba lo que ese mail iba a cambiar mi vida. Respondí muy apenada que no era grosería, que no había sido mi intención ignorarlo pero que su nombre no me parecía familiar y pensé que se trataba de spam. Send.

Yo no recordaba haberle dado mi correo personal, y seguía sin recordar si alguna vez siquiera habíamos charlado en el mini-chat. En pocas palabras no tenía idea de nada, ni quién era ni de dónde había salido. Revisé su perfil y llamaron mi atención varias cosas: no tenía foto, era divorciado con una hija, y vivía del otro lado del charco. Al menos no saldrá con que quiere visitarme el siguiente fin de semana, pensé, "I'm safe".

Así empezamos a escribirnos todos los días hábiles, porque tanto él como yo nos desconectábamos del mundo los fines de semana. Yo entré a trabajar por pura casualidad a una empresa que al principio no me atraía pero que con el tiempo fui queriendo mucho. Empecé como recepcionista porque no quería mayores responsabilidades, el sueldo era bueno y el horario también. Además me quedaba por rumbos conocidos y en ese momento llenaba el vacío que yo necesitaba llenar: el de mi cartera.

La oficina estaba en uno de los edificios más bonitos que yo había visto en mi vida. Me exigía ir como modelito de pasarela todos los días y podía darme el lujo de salir a tiempo y llegar a casa a disfrutar de mis programas favoritos. Era intenso y demandante pero me dejaba tranquila los fines de semana. Además, el ambiente era super nice, los clientes muy elegantes todos, y mis compañeritas eran harto lindas. Y pensar que yo le había apostado al otro gallo, pero dicen que uno pone y Dios dispone y él sabía mejor que yo lo que era bueno para mí.

Así, tratando de escribir un mail mientras el conmutador, los clientes y mis jefas demandaban mi atención le conté de mi nuevo empleo y él me contó del suyo y de su vida: trabajaba en una televisora, era escenógrafo y compartía el depa con su mejor amigo quien para ese entonces estaba iniciando los trámites de su divorcio. Los fines de semana se la pasaba en la calle, en cafés y festivales o conciertos. No tenía mascotas, ni hermanos, y sólo tenía a su mamá a la que visitaba cada dos semanas. Su hija era adolescente y pocas veces se veían aunque él trataba de llamarle seguido.

Nuestra correspondencia era en inglés ya que él no hablaba español y yo pensé que era bueno practicar mis habilidades escritas ya que mi nuevo empleo también me pedía que fuera algo trucha en este idioma. Yo seguía sin saber cómo era él físicamente ya que no había foto, pero me daba algo de penilla pedirle una, además pensé que esto era sólo una amistad y un amigo no se elige por lo guapo o lo sexy. Yo tenía un nuevo amigo y no quería arruinar eso.

miércoles, 28 de enero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 6) La Sorpresa

Enero llegó y trajo consigo movimiento. Ese día había tenido dos entrevistas de trabajo, una en la Cuauhtémoc y otra en la Del Valle. Me habían llamado el día anterior para hacer la cita y yo afortunadamente, había podido coordinarlas para el mismo día. Me ponía muy nerviosa el llegar a un lugar y ser examinada como perrito de concurso, así que si podía pasar por eso en un sólo día de martirio pues mucho mejor.

Recordé las recomendaciones que un amigo que trabaja en Recursos Humanos me dio. Cosas obvias, pensé, pero igual le hice caso. No tenía más que un traje sastre y para esas alturas me quedaba grande. La dieta había sido un éxito tal que aún después de meses de haber dejado el régimen yo seguía estando tan flaca como una estaca. Marilú insistía en que era depresión y otros más hasta me preguntaban si estaba enferma. Como sea, yo me sentía bien porque era un pequeño logro para mí misma el haberme deshecho de los malos hábitos (alimenticios, nomás).
Tomé uno de mis pantalones negros de vestir, un suéter blanco de cuello de tortuga (hacía frío) y mi blazer nuevo que me encantaba, negro con bies blanco en las solapas. Para nada eran traje sastre pero al menos daban el gatazo. Me arreglé el cabello lo mejor que pude y me fui.

(Había pasado algo muy curioso con mi cabello. En una de esas en que no tenía nada mejor qué hacer, me fui a una de las muchas estéticas que están cerca de la casa de mi mamá, pero resulta que la que yo quería estaba cerrada por lo que se me hizo muy fácil pasarme a la de la esquina. Ya había ido antes pero nunca había sido atendida por la dueña en persona, siempre me atendía la señora rubia gordita o la chica de cabello ultracorto y carita de muñeca. Total, que La Dueña me cortó el cabello no como yo le pedí, sino como a ella se le pegó la gana y me dejó con la melena super cortita. Sospeché algo maquiavélico desde el primer tijeretazo que aplicó pero no dije nada. Yo sonreía al ver por el espejo como mi cabellera caía al suelo. Ella pensó que yo estaba muy satisfecha con su trabajo de seguro, porque también sonreía. El caso es que cuando salí de ahí me dí cuenta de que tantos años de orgasmos inexistentes pasaron la factura y me tocó a mí pagarlos. La muy cabrona me dejó como a Chachita; pero como tenía cosas más importantes de las qué preocuparme y al final el cabello es un recurso renovable, lo tomé filosóficamente y no hice panchos. Eso sí, perdió su propina.)

Las entrevistas fueron fructíferas a mi parecer y regresé tranquila a casa. Una de las empresas en cuestión era alemana y prometía. Yo mantenía cruzados los dedos.

Cuando llegué a casa mi mamá me recibió con la comida casi lista. Era mole de olla y es uno de mis platillos preferidos. Moría de hambre así que mientras le daba el hervor final yo prendí la compu. El spam de la semana anterior había sido más que persistente. Había estado chateando con un wey que me caía bien, pero que arruinó todo cuando me envió su foto. No era para nada mi tipo. Tenía una cara que me daba desconfianza, era gordito (bastante gordito), se estaba quedando calvo, y seguro arañaba el cincuentón. Ay no! Horror. Estatus: bloqueado.

Tenía un mail de este gordito cuyo nombre no recuerdo preguntando que donde me había metido y otra vez spam, pero esta vez mi nombre aparecía en el subject del mensaje. Achis. Nunca había visto esto. Por pura curiosidad lo abrí y leí algo parecido a esto:

"Hola, no sé si sigas ahí pero es la cuarta vez que trato de contactarte. De hecho, te estoy reenviando el correo anterior. Tal vez no lo hayas recibido o tal vez no quieras contestar. De todas maneras esta es la última vez que lo intento. Que tengas lindo día.
Saludos"

[mierda! quién es este wey???]

martes, 27 de enero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 5)

Hubo una noche en que viendo Grey's Anatomy me identifiqué cabronamente con el personaje protagonista. Digo, no es una novedad, para eso es un melodramón y eso es lo que le gusta al público. Ver reflejadas sus propias miserias en la pantalla. El caso es que esa noche era el capítulo del suéter. No recuerdo la temporada ni detalles específicos y no voy a ponerme a averiguarlo en este momento. Ese es trabajo de los fanS. A grandes rasgos, Meredith se desilusiona una vez más de su fallida relación con el McDreamy y también de su fallido intento de sacárselo del corazón a costillas de un guapo veterinario. Piensa que se olvidará del amor y del sexo y se dedicará a tejer un suéter.

Apagué la compu de una vez por todas porque no tenía un sólo mensaje y los mini-chats eran más aburridos y sin sentido, que un libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Borré como siempre, los correos spam y dediqué toda mi atención a la caja idiota.

Yo me sentía tan triste y tan identificada. Estaba cansada de sentirme así pero no podía hacer nada al respecto. Era más fuerte que yo. Repasaba una y otra vez la última conversación telefónica, mis lágrimas y las suyas. No entendía qué había pasado ni dónde había estado el error. Aparentemente, éramos muy felices. Yo era feliz y pensaba que él también. Estaba equivocada. Guardaba una de sus fotos en mi celular y cada vez que la veía me daba cuenta que sus ojos denotaban tristeza, que me miraba diferente, que ya no sonreía, que siempre estaba ensimismado, callado, pensativo. Muchos meses después me cayó el veinte del tiempo que había transcurrido sintiéndose él atrapado en una buena relación y sin pretexto alguno para terminarla.

Al principio yo llevaba la batuta. Lo recordaba. Él era el que me buscaba y yo decidía si tenía tiempo para atenderlo o no. Supongo que eso era lo que me hacía tan atractiva. El saber que no podía controlarme, ni exigirme, ni dominarme. Pero maldito amor me jugó sucio y bajé las manos. Él perdió el interés al saberme conquistada. Si hubiera seguido siendo una cabrona, o si no le hubiera dicho que lo amaba, si hubiera hecho tal, o si hubiera dejado de hacerlo... Miles de pensamientos me cruzaban la cabeza y me fustigaban el corazón.

A veces lo odiaba, lo maldecía y deseaba que sufriera tanto como sufría yo. Que se enamorara y lo mandaran al diablo así, sin aviso, ni señal previa, sin excusas, sin amor. Que pasara noches interminables pensando que era un pendejo al que nunca nadie iba a amar ... nadie excepto yo, obvio.

También me mataban los celos de saber que ya tenía a otra. Que había alguien más que le perfumaba la cama y la vida, que le ayudaba a decorar su casi vacío-por-más-de-un-año departamento, y si la hubiera tenido enfrente habría invocado al mismísimo diablo para que la partiera a la mitad de un sólo madrazo. Moría de celos, de deseos de venganza y de frustración, así por muchas noches, y luego volvía a llorar hasta quedarme dormida.

lunes, 26 de enero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 4)

Así transcurría diciembre para mí, entre idas al cine con Mr Bodyguard, interminables pláticas contra los hombres vía msn con La Chule, y mi tercera falsa personalidad en la website de Cupido. Bah! Esto último ya me estaba cansando porque aparecía cada especimen que me hacía dudar de mis intenciones de encontrar a ese ser "especial". De hecho, cada nuevo correo recibido, cada perfil husmeado, cada mini-chat con gringous bestialis me decía que estaba en el lugar equivocado.

Todos, de alguna manera u otra pensaban que por ser mexicanita estaba doblemente urgida de amor y efectivo. Todos, de manera sutil o descarada insinuaban ser la solución a mis problemas. Algunos presumían de tener casa en la zona más exclusiva de Miami, de poder visitarme el siguiente fin de semana, o de pagarme unas vacaciones en Gringolandia cuando yo así lo quisiera. Eso me saco por anunciarme, pensé. Debe haber algo mal en mi perfil porque puros pendejos se me acercan.

Enfócate, había dicho mi mamá. Así que edité de nuevo mis pretenciones. A todo esto, lo escribí en inglés porque a según el sitio así lo recomendaba y si quería alcanzar "más mercado" pos tenía que internacionalizarme (por llamarlo de una manera). Así que palabras más palabras menos, puse "pendejos abstenerse". Los mails en mi mailbox disminuyeron considerablemente, así como los mini-chats. Uno que otro mostró interés pero después de una o dos conversaciones sacaban el cobre y empecé a bloquear usuarios. Al parecer, la gran mayoría no buscaba su amor verdadero, sino media hora de cybersex y de a grapa. Bola de Losers.

Decepcionada una vez más de la vida y del cabrón de Cupido que sólo se divertía conmigo, dejé de revisar mi perfil, las visitas, y mi cuenta alterna. La Navidad pasó inadvertida, salvo por Mr Bodyguard que me visitó esa noche para darme mi abrazo. Me invitó al reven en casa de sus primos. Era en San Ángel y prometía, pero yo tenía demasiado frío y flojera como para arreglarme y desvelarme en medio de gente a la que no conocía. Le dí las gracias y le dije que mejor para Año Nuevo.

Así, la cena y el recalentado los viví entre pura familia, o bueno, los que quedábamos. Mi hermana la pasó en Vallarta y yo la extrañaba tanto como la extraño ahora. Mi abuela ya estaba muy enferma por lo que de repente no la veía despierta en todo el día. Cada que iba a su recámara estaba dormitando y yo prefería dejarla descansar. A veces, cuando mi mamá salía temprano me dejaba encargado que le llevara el desayuno, pero la mayoría del tiempo sólo se lo dejaba a un ladito porque ni siquiera me escuchaba entrar. Mis primas estaban siempre muy ocupadas con sus propias familias por lo que casi no las veía. Y bueno, eso pasa cuando te conviertes en mamá, tus hijos son prioridad y el resto del mundo pasa a segundo plano. Situación perfectamente normal y comprensible.

Volví a dedicarme a mi búsqueda de empleo para empezar entrevistas tan pronto empezara el Nuevo Año. Envié solicitud a muchas vacantes y desdeñé otras tantas por razones como que estaba muy lejos o que el sueldo no era lo que yo quería, etc. Me puse muchos moñitos como si no necesitara chambear (y de manera urgente) y como si los estados de cuenta de las Tarjetas hubieran desaparecido mágicamente. Aunque la verdad era algo que me valía olímpicamente madres, tal y como me siguen valiendo ahorita. Hace mucho que el dinero dejó de ser una preocupación para mí, y me refiero al dinero que debía a los bancos no al que puedo ganar trabajando.

Por no dejar, entré una vez más al sitio de cupido. Tenía sólo un correíto, era un interés. Abrí el perfil en cuestión y sorpresa: estaba como Privado. Mr Misterio parecía ser también Mr Listo. O sea, el que no enseña no vende, por Dios! No me dice nada y tampoco puedo ver su perfil para ver si me interesa o no. Responder. Estimado Mr Smartass, gracias por nada. No puedo ver tu perfil, no sé si me puedes interesar o no, así que cuando se te quite lo wey me vuelves a contactar. Bye.

Un poco molesta apagué la compu y me puse a hacer algo más productivo: ver tele.

viernes, 23 de enero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 3)

El hambre me despertó pero no me moví. Estaba en mi cama. No recordaba cómo llegué ahí y al parecer ya era otro día. Me quedé mirando por la ventana. La cortina no estaba bien cerrada y podía mirar el cielo y escuchar las cumbias del vecino de a lado. Cómo lo odiaba. Era un tipo regordete que si no fuera porque tenía fama de secuestrador, asaltante y golpeador de mujeres podría pasar desapercibido. Su mirada lo delataba y también sus autos de lujo con lucecitas fluorescentes en las llantas. Todo un tipazo, un galán de colonia populachera, un narco de baja estampa pero aún así infundía miedo. Hay muchas cosas en esta vida que no se eligen: la familia, los vecinos y los compañeros de trabajo por mencionar algunos.

Me levanté con frío y después de hacer la pipí mañanera me fui a sentar al final de la azotehuela, en ese primer escalón desde donde podía ver el depa de enfrente y desde donde si me asomaba al patio podía apreciar toda el esplendor de mi casa. Es una casa muy vieja con patio central, largo, enorme, donde recuerdo haber echado carreritas durante mi infancia con mis primas y mi hermana. Ese mismo balconcito desde donde una vez le aventé un zapato en la cabeza. Pobre de Mi Sis. Ahora me causa mucha risa pero en su momento me llevé una regañada histórica.

Me senté ahí a disfrutar de los rayos del sol que me iban calentando poco a poco. Qué cosa tan deliciosa. Mi mamá no estaba, así que estuve un buen rato recorriendo con la mirada cada una de las grietas de la pared, observando cómo la pintura azul se iba despegando. Esa casa había estado siempre como parte de mis recuerdos, y de tanto verla pocas veces me fijaba en cómo había ido envejeciendo. Tanta prisa en las mañanas que no apreciaba la huella del tiempo en ella; y la poca luz que había cuando llegaba del trabajo por las noches no me permitía ver cómo sus esquinas se iban despostillando.

Me levanté y me fui a la cocina a hacerme unos huevos estrellados. Son mis favoritos. Calenté en el microondas el arroz del día anterior y me los serví juntos. Chipotles, tortillas y café fueron los complementos ideales. Prendí la compu mientras hacía malabares para acomodar el teclado y el plato en el mismo espacio.

En mi bandeja de entrada tenía sólo un correo, al parecer alguien había visto mi perfil y me había mandado un mensajito. Usuario. Password. Cuál es el password? Ah, si! Dónde está el cuadernito donde lo apunté? Ok. Fulanito de Tal te ha enviado un interés. Responder. Checar el perfil de Fulanito. Primero checar, no vaya a ser.

Resultó ser que Fulanito era un gringo de 45 años, divorciado y con dos hijos que vivían con la mamá. Quería chatear conmigo y me mandó su correo personal. Estaba totalmente perdido este tipo. No entraba en el rango de edad que yo quería, su perfil no tenía foto y no me molestaba que tuviera hijos pero lo que sí no soporté fue tanta confiancita de querer luego luego chatear conmigo. Hice caso omiso al correo. Mi amor verdadero no apareció a las 7 como me había prometido ese mail cadena, o tal vez, me lo perdí por haberme quedado dormida.

Sin apagarla encendí la tele y por primera vez amé la repetición de La Ley y El Orden. En eso estaba cuando sonó mi celular. Era Mr Bodyguard quien trabajaba en una empresa de seguridad privada. Era de lo bueno que había traido ese año. Me llamaba varias veces a la semana para ver cómo estaba. Lo conocí en un antro cuando festejábamos el cumpleaños de una amiga en común. Yo estaba ahí tratando de pasármela bien pero con cero disposición. La primera impresión que me dio fue que era prepotente y exhibicionista. Eso sí, bailaba fenomenal y pues eso le subía puntos.

Cuando me sacó a bailar no me preguntó siquiera si quería hacerlo. Me jaló de la muñeca con una mano y con la otra me asió de la cintura y me pegó a su cuerpo. Era una quebradita, yo traía sandalias de tacón y él vestía vaqueras. El resultado fue que me lastimó el dedito gordo en dos ocasiones y al primer reclamo me dijo: "Quién te manda traer esos zapatos si vienes a bailar! Tienes que ponerte botas". -O sea, el igualado y unos cuates, pensé. Le dije que me soltara y no quiso. Así bailamos otras dos y en cuanto hubo cambio de música me fui a sentar al rincón más inaccesible de la mesa. No quería que me agarrara de nuevo. Los demás me sonreían pícaramente mientras Mr bodyguard cuchicheaba con la festejada, al parecer ya se tenía que ir. Me hice pendeja con mi coca-cola y estaba platicando con Marilú cuando le tocó despedirse de nosotras. Sin ninguna pena me pidió mi teléfono y yo sin pensarlo se lo dí.


jueves, 22 de enero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 2)

Revisé mi bandeja de entrada y encontré lo de siempre: cadenas, chistes y avisos "urgentes". Nada que me interesara para variar. Adoro a mis amigos pero hay unos que se pasan, puros forwards. Sólo dan señales de vida a través de correos reenviados. Confesaré que no leo ninguno, sino que los borro de inmediato sin siquiera abrirlos. Aunque ese día, me llamó la atención uno que decía "Para ti". Lo abrí y como era de esperarse era una cadena donde decía que tenías que reenviarlo por lo menos a 7 de tus contactos, y que ese día alrededor de las 7 pm tu amor verdadero te llamaría. Sí, claro. En caso de que no lo hicieras tendrías mala suerte en el amor los próximos 7 años. "Una raya más al tigre" pensé. En fin, seleccioné a 7 de los que toda la vida me mandan cadenas (pa que vean lo que se siente) y le di Send.

Revisé mi cuenta en el portal de empleo: "o-ce-ce-punto-com. Veamos, qué hay para hoy. Mmm... Ok, qué quiero? Mi mamá me dijo que me enfocara... Qué quiero? Quiero escapar de las ventas, quiero un sueldo fijo y estable no matters what, también quiero un horario decente de L a V, ya me harté de invertir mi fin de semana en una oficina; también quiero que sea una empresa más nice, ok... un buen sueldo sin tanta responsabilidad, ok, Recepcionista... mmm... Asistente de Dirección... mmm... Sí la armo en Inglés y qué tanto puede ser?..." Con estos pensamientos corregí mi CV para que "encajara" con las vacantes y envié tal vez 20 solicitudes. Todos en el DF, nada de Cuajimalpa, Iztapalapa o Tlalnepantla. No quiero pasarme la vida en el tráfico, lidiando con microbuseros y taxi-terroristas. Leamos el periódico.

Después de aventarme la sección de espectáculos de El Universal, me conecté al msn. Mi amiga Chule estaba on line y me preguntó que cómo me iba. Le conté a grandes rasgos lo del último mes e intercambiamos opiniones con respecto a los hombres. Como cada vez que hablamos. Si yo había tenido mala suerte, ella me decía quítate que ahí te voy. Había recurrido ya a las limpias, a los conjuros de Magia Blanca que publica la "Tú", al Feng Shui, a la Lectura de tarot y demás con tal de atraer al amor verdadero y puras habas. El último, al que ella apodaba "El Sabritas" porque trabajaba en esa empresa nomás porque según su descripción era más bien un tipo promedio. Separado de la esposa desde hacía tres años pero manteniendo su casa como templo y tal cual ella la dejó, por si algún día volvía. Como dice la canción de Juanga "para que tú al volver no encuentres nada extraño". Pobre, estaba en el hoyo y cavando. Total, que la Chule se compadeció de él y le quiso hacer el favorcito, aunque se dio la arrepentida de su vida cuando a la hora de la hora al tipo se le arrugó el ánimo y aunque ella hizo y deshizo (digo, ya estaba ahí) el asunto no se levantó.

Obvio, la traumada fue ella porque pensó que no era suficientemente atractiva como para despertar el deseo de un pelele. Después de maldecir su suerte y yo de tratar de explicarle que el del problema era él y no ella, decidimos vernos el sábado siguiente para ir a disfrutar de esas baguettes tan buenas que sirven en Don Queso. Como en los viejos tiempos cuando trabajábamos juntas en la radiodifusora. Y ya con la cita agendada seguí perdiendo el tiempo en internet.

Mi madre mientras tanto iba y venía en el pequeño departamento donde vivíamos. Tenía que ir a entregar un pedido, me dijo, así que se alistó y se fue. Yo empecé a buscar una cita ad hoc para adornar mi nick. Una de dolor porque estaba más que ardilla. Una que me hiciera sentir peor de lo que ya me sentía. Eso es, mi lado masoquista afloró y necesitaba encontrar alguna maravillosa para sustituir el "wow! qué divertido estuvo anoche, gracias corazón!" que tenía actualmente y que era super fake porque hacía semanas que mis noches eran nomás para berrearle a la almohada. Pero tenía que hacerme la fuerte aunque nadie me lo creyera.

Total que buscando en CitasyRefranes.com y después de leer y leer y leer y que ninguna me acabara de gustar hubo algo que llamó mi atención. Del lado derecho de la pantalla había publicidad, misma que jamás había visto a pesar de ser visitante asidua a la website. Qué tal. "Mexicancupid, find your mexican love". Sí, claro. A ver. Le dí click y apareció una galería de fotos de hombres y mujeres -a según- buscando el amor. Bueno, por ver no se paga.

Ah, ya entendí. Es para extranjeros que quieren ligarse a un mexican curious. Ah, qué interesante. Ok. Usuario. Password. Llena tu perfil. Fumador? sí, no, social. Bebes alcohol? Sí, no, de vez en cuando. Complexión? flaca. Estudios? Universidad. Estado Civil: Soltero, etc. Lo bueno es que no preguntan el estado emocional, pensé. Sube tu foto. Chale. No tengo ninguna en donde salga más o menos decente. Nunca he sido fotogénica, al contrario. Soy la que siempre sale con la boca abierta, o los ojos cerrados, o mirando para otro lado. Busqué dentro de las más actuales y encontré las del viaje a Vancouver del verano anterior.

Fue de lo bueno de trabajar en la agencia, tres semanitas disfrutando de una vacaciones a costillas de mis clientes. No puedo decir que de la empresa porque estoy segura que no invirtieron un sólo centavo. Al contrario. Seleccioné una donde estaba acompañada pero la recorté y me veía bien. No maravillosa, no alegre, no guapísima, ni feliz. Me veía bien a secas, con mis chinos al aire y sin gota de maquillaje. Total. Terminé de llenar el formulario y saqué una cuenta de correo alterna.

Apagué la compu y me metí a bañar. Salí y volví a ponerme mi pijama. Me senté a ver la televisión que para esta hora ya prometía, pero me quedé dormida en el sofá. Mi mamá regresó y sentí cómo me tapaba con la cobijita azul de siempre, pero yo sólo me acurruqué sobre mi lado izquierdo y seguí durmiendo.

miércoles, 21 de enero de 2009

De cómo empezó todo... (Episodio 1)

Era mi segundo día como desempleada y me levanté tarde como siempre que no tengo ningún compromiso mañanero. Mi mamá me dejaba dormir sin presión alguna. Ella es linda. Hasta le bajaba el timbre al teléfono para no molestarme. Mi hermana empezaba ya su tercer mes viviendo a la orilla del mar. Su trabajo le demandaba ciertas horas pero básicamente, podía empezar a la hora que se le pegara su gana.

Recuerdo cuando llegó emocionada porque le ofrecían una nueva chamba en Vallarta. Pensé que ese trabajo yo lo había estado buscando por años y nunca se me hizo: sol, arena y mar. Así que la animé a que se fuera. Total, no tenía nada que perder y sí mucho que ganar. Además, siendo tan joven, inteligente y chambeadora, seguro le iría bien. Y en caso que resultara menos de lo que esperaba, pues se regresaba a casa y ya. El miedo a fracasar nunca debe ser tan grande como para impedirnos tomar el riesgo. Al final, ella nos tenía a nosotras y sin comer no nos íbamos a quedar. Cuando llamaba la escuchábamos tan contenta. Nos platicaba de sus tardes en el malecón tomándose una chela, de sus noches en los barecitos y de sus mañanas tranquilas. Qué vida, caray!

El caso, es que debido a su ausencia yo tenía a mi mamá para mí sola. Un día llegué y le dije que mi actual trabajo ya me tenía podrida, que no me sentía a gusto más ahí, que mis días eran aburridos debido a la falta de clientes (temporada baja) y en consecuencia mis ingresos se hacían nulos debido a la ausencia de ventas. Eso, y que mi jefa y su acento argentino ya me reventaban. Omití mencionar que mi estado emocional estaba en calidad de alfombra. Por los suelos y con ácaros. No había sido un buen año a pesar del éxito de mi dieta, de las clases de salsa, los viajes y la gente nueva. Ese fin de año pintaba para ser el más deprimente de mi historia. Bueno, tal vez no EL más, pero sí entraba en el Top Five.

Como siempre, me apoyó en la decisión de dejar la Agencia. Me dijo que merecía unas vacaciones, que me fuera al pueblito papanteco con mi papá y me dejara consentir; o que si prefería podía simplemente volverme un parásito hasta el nuevo año, que ella se ocuparía de los gastos y que ya después yo podía empezar "renovada" a buscar un empleo que llenara mis expectativas. Pero piensa bien qué es lo que quieres hacer esta vez, me dijo. Enfócate. Así que con ese panorama asistí a mi última semana laboral en ese lugar.

Mi amiga Mary me llamó un martes para irnos a comer juntas. Andaba por el sur y me dijo que me invitaba una hamburguesa del Burger King. Yo no podía resistir una invitación de tal magnitud así que acepté sin dudarlo. Pasó por mí acompañada de sus gemelos y nos lanzamos. Yo nunca había visto una carreola doble, y mucho menos me había imaginado todas las peripecias que una madre tiene que pasar para hacer cosas tan simples como ir al cajero, o cruzar una calle. Los cajeros y las carreolas dobles son incompatibles, así como las banquetas de la bendita Ciudad de México. Sin contar con los automovilistas que bloquean las rampas o suben el carro a la acera. En fin que después de lidiar con los detalles de todos los días, le conté a Mary que yo ya estaba hasta la madre. Ella obvio, sabía lo que en mi corazón anidaba y me dijo solamente que si eso era lo que necesitaba que me daba un mes para "llorar hasta quedar seca", y que después sólo tenía que pensar en recuperarme a mí misma. Bien dicen que los amigos son ángeles que Dios te manda cuando más los necesitas.

Terminaba noviembre y así yo terminaba de evadir el duelo que tenía pendiente desde abril para vivirlo y sufrirlo de una vez por todas. Sabía lo que se me avecinaba y me preparé mentalmente para ello.

Pasé tres noches "ayudando" a Mary con los gemelos., mientras durante el día me preparaba para "entregar" mi puesto. Su esposo andaba de viaje y yo me ofrecí para hacerle compañía mientras regresaba. No podía hacer más, de hecho. Mis conocimientos acerca de cómo tratar a un bebé se limitaban a mecer la silla donde se quedaba uno mientras el otro era alimentado, o distinguir la pomada de las rozaduras de la pasta dental. Siempre he sido malísima para los niños, pero este par siempre fue bueno conmigo. Me sonreían y me hacían "fiestas" cada que pasaba frente a ellos. Una vez hice la cena: espagueti. Y para verme bien práctica, rompí la pasta a la mitad al mismo tiempo que Mary mencionaba que le chocaba el espagueti partido. Ja! Nunca más lo he vuelto a hacer. Una noche también le ayudé con los trastes, aunque ella insistía en que no era necesario. Tan linda ella! Pero con dos bebés no puedes imaginar la cantidad de utensilios que llegas a necesitar y lo rápido que se te pueden acumular en el fregadero. Dios!! Total, que le ayudé lo más que pude.

Esa semana hablamos de mi estado emocional, de mi futuro trabajo y de mis merecidísimas vacaciones, mientras intentábamos dormir a El Par. Fueron unas minivacaciones a pesar de que mi promedio de horas de sueño disminuyó a 4 por noche. Al menos ese tiempo sentí que compartía la carga con alguien más, que mis hombros sólo cargaban la mitad del peso. No sé, fue como cuando te cansas de nadar y sólo atinas a agarrarte de la orilla de la alberca.

Total, que repasando la semana anterior me levanté y me hice un café. Seguía teniendo mi pijama puesta: mis viejos pants azul marino, la playera blanca que no sé de dónde había salido, y la sudadera eterna que le había robado a uno de mis hermanos. Miss E siempre decía (burlona) que más que preparme para dormir, parecía que me preparaba para salir a correr. Así estaba yo, en la pequeña cocina con el café recién hecho en una mano, y el pan tostado en la otra, lagañienta, despeinada y todavía amodorrada. Mi mamá estaba al teléfono y cuando colgó me dijo que iba a ir al mercado a comprar el desayuno. Qué quieres que traiga? me dijo. Lo que quieras, le contesté. Me senté en la sala, enfrente de la tele a desayunar. Hice zapping por diez minutos hasta que me convencí de que no había nada bueno en la tele. Sólo estaba la repetición del capítulo de la noche anterior de La Ley y el Orden y me dio hueva verlo. Sin apagar el aparato, prendí la compu. "A ver qué diablos" pensé y me dispuse a revisar mis correos.